Hay una idea medio cruel dando vueltas: que si en un masaje no llorás, el trabajo no sirvió. Como si el cuerpo tuviera que producir una escena para justificar la hora. A veces tiembla porque por fin no tiene que sostener una reunión. A veces se ríe porque el silencio se volvió insoportable y hermoso al mismo tiempo. A veces no pasa nada visible y algo igual se acomoda por dentro.
Lo raro sería que alguien te pidiera interpretar cada gesto. Un temblor no es un diagnóstico. Un llanto no te vuelve más espiritual ni más avanzada. Si te vas un poco más amable con vos misma, con eso ya alcanza.
