Hay un agotamiento que no se explica con ya no me copa nadie. Es el músculo de elegir fotos, contestar con gracia, sostener una conversación ingeniosa, desear más o menos a horario. En algún momento el cuerpo se da cuenta de que el deseo se volvió contenido.
Un rato de contacto sin audiencia, sin que nadie lo suba a ningún lado y sin que tengas que ser interesante, no reemplaza el amor ni pretende hacerlo. Lo que hace es devolverte una pregunta más simple: ¿quiero que me toquen, o quiero que me vean?
