Nos cuesta muchísimo menos mirar un cuerpo desconocido que el propio con la luz de las cuatro de la tarde. Y no es vanidad: es una vigilancia que nos enseñaron temprano y que sigue funcionando sola, sin que nadie la active.
No le debés a nadie una foto de cuerpo real para merecer que te toquen con cuidado. El permiso no se gana adelgazando ni esperando un verano mejor. Se practica, a veces con ropa, a veces sin, siempre con la opción de decir que hoy no.
