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Las veinticuatro horas después

Sueño, hambre, cero ganas de abrir Instagram. Un ritual suave, no una receta médica.

Después de que alguien te toca con atención, el mundo puede verse más nítido o mucho más lento. No es que subiste de vibración. Es que tu sistema nervioso pasó un rato largo sin negociar con nadie, y volver a la vereda tiene algo de aterrizaje.

Lo que suele ayudar es poco y sencillo: comer algo caliente, dormir más de lo previsto, no agendar una cena donde tengas que estar encantadora. Si aparece tristeza, dejala estar sin convertirla en un posteo. Si aparece energía, tampoco hace falta gastarla toda esa noche.

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