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Desear a los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta

El cuerpo cambia de textura y el relato social se queda quieto. Sin promesas anti-age.

El deseo no vence a los veintinueve, aunque el mercado insista con que hay una fecha de lanzamiento y todo lo demás es liquidación. Lo que pasa es que cambia de textura: se vuelve más selectivo, más lento, bastante más claro sobre lo que no quiere.

Leer ese cambio como una pérdida es comprar el cuento de que sólo vale el cuerpo nuevo. Hay pieles de cuarenta y cinco que recién ahora están pidiendo en voz alta lo que a los veinte no sabían nombrar. Eso no es una segunda oportunidad: es la primera vez.

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